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viernes, 5 de junio de 2009

Planeta Cine #24: The future begins

En plena época de aluvión de blokbusters, ya que en el último mes han llegado a nuestras pantallas taquillazos de la talla de X-Men Orígenes: Lobezno, Star Trek o Ángeles y demonios - que por cierto aún no ha soltado el primer puesto en recaudación y se ha convertido en la película más taquillera de lo que llevamos de 2009 - llega esta semana uno de los estrenos más esperados del año - otro más -, que muy posiblemente se encarame al primer puesto del Box Office y no lo suelte hasta la llegada de la no menos esperada Harry Potter y el Misterio del Príncipe - 15 de Julio -. Estamos hablando de Terminator Salvation. Se diría oficialmente que ésta es la cuarta entrega de la saga Terminator, por más que yo reniegue profundamente de la lamentable tercera parte, un infame producto propagandístico al servicio del Arnold Schwarzenegger futuro Gobernador de California cuyo único objetivo fue retirarse de su personaje más emblemático salvando a la humanidad en una gran producción. Olvidando esta desafortunada tercera parte, estamos hablando de dos películas - Terminator (1984) y Terminator 2 (1991) - que para mí suponen un hito indispensable en la historia de la ciencia-ficción de las últimas décadas. La primera Terminator supuso una interesantísima revisión del mejor cine de hombre vs. máquina recogiendo gran parte de los recursos estilísticos de clásicos imprescindibles como Blade Runner o 2001: Una odisea en el espacio, y suponía una película de referencia de un todavía desconocido director, James Cameron, que rodaba un título clave con muy poco presupuesto y un actor semidesconocido de nombre casi impronunciable. Su secuela, que llegaría al inicio de la siguiente década: Terminator 2, esta vez con presupuesto más holgado, se concebía casi como un remake de la primera, en estructura, guión y paralelismos metadiscursivos, y se convirtió en uno de esos ejemplos que ya se utilizan para rebatir el célebre "Segundas partes nunca fueron buenas". El hito en el género de la ciencia-ficción de los noventa que marcó Terminator 2 no fue desbancado hasta siete años después, con la llegada de la ya mítica Matrix que renovaría estilísticamente los usos y las formas de este tipo de cine. Con todo ello, llega ahora Terminator Salvation, mucho más cercana a estas dos primeras que a la indigna tercera parte. Sin embargo, no está ni mucho menos a la altura de las originales, lo que la sitúa en un interesante y cómodo punto medio de la saga. Como me niego rotundamente a intentar explicar la trama espacio-temporal de la saga - algo con lo que podría escribirse un tratado - simplemente me remitiré a que se sitúa en el año 2018, en el post-holocausto en que las máquinas han tomado el control del planeta y han iniciado el exterminio de la humanidad. Sólo un pequeño grupo de la resistencia les hace frente, y su líder es, obviamente, John Connor, interpretado esta vez por un Christian Bale - reclamo actoral del filme - a quien, sinceramente, yo le veo más ajustado en el papel de las recientes Batman de Nolan que aquí. La película funciona como un curioso batiburrillo de Transformers, por aquello de que ahora hay "mototerminators", "miniterminators", "terminators que se transforman en aviones"..., Salvar al soldado Ryan, por el evidente contexto bélico de la cinta y por el hecho de que el objetivo de John Connor enmedio de este entuerto sea encontrar a su padre y salvarlo; y El amanecer de lo muertos, pues este escenario apocalíptico, con nuevos engendros medio humanos-medio máquinas vagando por territorios devastados nos recuerda en ocasiones al cine de zombies del mítico George A. Romero. Dicho esto, encontraremos en Terminator Salvation elementos de suficiente interés como para encontrarla entretenida y conferirla una opción recomendable, toda vez McG, director de esta entrega - que en su discutible curriculum tiene la dirección de las dos películas de Los Ángeles de Charlie y la producción de series como O.C. - está a años luz de James Cameron, y eso se nota. No faltan tampoco guiños a los fans de la saga - entre quienes me incluyo, si aceptamos como saga sólo a las dos primeras... - como la primera aparición de John Connor pisando un cráneo endoesquelético de Terminator - referencia simétrica a las primeras imágenes de la saga cuando las máquinas destrozaban cráneos humanos - o incluso citas célebres como: "Volveré", "Ven conmigo si quieres vivir" o aquella insalvable pregunta tan Terminator como "A qué estamos hoy?... ¡De qué año!"

También interesantes son las otras dos opciones que nos llegan este fin de semana. Se estrena la producción francesa Coco, de la rebedía a la leyenda de Chanel, como siempre mucho mejor en su título original Coco Avant Chanel, que explica precisamente eso, cómo era Coco antes de ser Chanel. La película se sitúa a finales de siglo XIX, principios del XIX, con la muerte prematura por tuberculosis de la madre de Gabrielle Channel - que éste es su nombre verdadero -, dejándola huérfana a los 12 años. Ante el desinterés de su padre, es internada en un orfanato, y con una adolescencia difícil, se convierte en una veinteañera que actúa en un cabaret de mala muerte cantando la canción "Qui a vu Coco dans l'Trocadero" - de donde sacará su famoso nombre. Un día, a lo Pretty Woman de época, un adinerado vividor le ofrece que se vaya con él, para introducirla en las élites sociales de la Francia de la época. Así, este hombre se convierte en su amante y protector, y la joven Coco Chanel empieza a ver en las vestimentas de las mujeres de la alta sociedad una oportunidad de transgredir los oxidados arquetipos de la moda de entonces, pues ella, de modo autodidacta, se defiende con las tijeras y el hilo. El principal problema de la película reside en que se limita a reflejar el triángulo amoroso que pronto aparecerá cuando Coco se enamora de un jugador de polo al que conocerá en uno de sus numerosos encuentros sociales, y huirá del intento de retratar la historia de la moda de la época, como cabría esperar en un título de estas características. Sólo al final, en la escena del desfile, veremos un poco de cómo, precisamente, Coco se convierte en Chanel. Por cierto, que la actriz elegida para dar vida a este icono de la moda es Audrey - Amélie
- Tautou, que por lo visto tiene un asombroso parecido con la Coco de entonces.

Y el último estreno de la semana - de los que llegan a Castellón, por supuesto - es Los mundos de Coraline, película de animación en stop-motion del director de Pesadilla antes de Navidad - que no, no es Tim Burton - Henry Selick. Aquí, Selick sigue con esa estética oscura, gótica y tétrica tan influenciada por Burton - que sí produjo sus dos anteriores Pesadilla antes de Navidad y James y el Melocotón Gigante - en una historia donde la niña Coraline - cuyo nombre es un homenaje a Carolyn Jones, la actriz que interpretaba a Morticia en La Familia Adams original, vaya referente! - viaja a un mundo paralelo - una suerte de cruce entre Las crónicas de Narnia y El laberinto del fauno - donde cree es mucho más feliz, hasta que llegarán los problemas... Aviso que NO ES UNA PELÍCULA PARA LLEVAR A LOS NIÑOS, puesto que en los preestrenos muchos de ellos han huido despavoridos... No todas las películas de animación han de ser necesariamente para críos, y este es un ejemplo. La película tiene ciertos pasajes incómodos o desagradables - como el hecho de que la niña deba coserse botones en lugar de ojos - que no hace que sea del todo indicado para miradas no adultas. Pese a ello, la imaginación, la música - que no es de Danny Elfman pero tiene clara inspiración de sus burtonianas composiciones -, sus colores e incluso su moralina final, además del hecho de que pueda verse en cines selectos en tres dimensiones, hace que sea una opción recomendable para este fin de semana.

martes, 26 de mayo de 2009

Dando Color: Vuelven Los informáticos. The IT Crowd 3ª Temporada

Por Andrés Craig,

Informática, diga. ¿Ha probado apagar y volverlo a encender?

Cada vez ocurre con mayor frecuencia en EEUU y en UK (toda vía no 
tengo muy claro si pasa lo mismo en nuestro país, aunque creo que también) que los productores, directores, actores, guionistas, etc... y los propios espectadores están dando mucha más importancia que antaño a las series de televisión. 

Aquellas que desde el primer momento saben captar las necesidades del público van a ser las triunfadoras: de las que se hable el día después, el de antes y durante la semana; me refiero a estar enganchado a...

Guiones súper elaborados, buenas interpretaciones, pastones de presupuesto, gags memorables y... ¿qué mejor característica para atraer adeptos que el humor inteligente de lo más corriente... que le sucede a la gente? Muchas palabras acabadas en –ente para al fin y al cabo decir que cuando alguien se siente reconocido en lo absurdo de lo cotidiano se echa a reír; como ejemplos tenemos los monólogos.

Y eso mismo es lo que ocurre con la divertidísima serie The IT Crowd (Los Informáticos). Un humor lúcido de las cosas más comunes y 3 personajes cuanto menos entrañables, metidos de forma involuntarias en líos incómodos que acaban por resolver de un modo bastante estúpido.

De lo mejorcito y más divertido, sin duda, que he visto en televisión en mucho tiempo, Los Informáticos se desenvuelve en las oficinas de Industrias Reynholm, una ficticia compañía “de no se sabe muy bien qué” situada en Londres. En dicha sede nadie respeta al Departamento de Informática, que además de estar recluidos en el mugriento sótano de dicho edificio (y también socialmente), no cuenta con el aprecio del resto de sus compañeros, que les ignoran por completo salvo cuando alguien tiene algún problema con su ordenador. Éste es el momento en el cuál Roy descuelga el teléfono y contesta: ¿Ha probado apagar y volverlo a encender?.

Roy (Chris O’Dowd), el pasota absoluto del grupo, es además el ingeniero de IT (Tecnologías de la Información) que día a día se las apaña para no hacer absolutamente nada durante su jornada laboral. Pasa el rato jugando con chorradas, interesado en videojuegos, leyendo tebeos o comiendo marranadas, y se mosquea frecuentemente ante lo ignorantes que son en temas informáticos sus “colegas” de las demás plantas. Son muy peculiares las camisetas que lleva en cada capítulo.

Su compañero y mejor amigo es Maurice o Moss (Ricard Ayoade), el típico friki total. También técnico en informática, inventor despistado que da con el perfil de empollón “repudiado por la sociedad”. Muestra signos tanto del Síndrome de Asperger como de tener un comportamiento típicamente nerd. Su pelo es tan espectacular como su sinceridad, Moss es un chico sensible al que le cuesta afrontar simples situaciones, todavía vive con su madre y queda con las chicas de modo on-line (aunque hoy en día esto es de lo más normal, sino que levante la mano quién...).

Ambos son un desastre total con las mujeres, que solo les dirigen la palabra para que les arreglen sus equipos informáticos, y aunque hacen bastante bien su trabajo, sin tener ningunas ganas de ello, ni motivación, dentro de Industrias Reynholm no tienen el reconocimiento que ellos desearían. Pero todo parece cambiar con la llegada de Jen (Catherine Parkinson), que pese a no tener ningún conocimiento en informática (salvo mandar correos) es nombrada responsable del área, pasando a ser la jefa de Roy y Moss, que pronto descubrirán que se no tiene ni idea de ordenadores o tecnología en general, pero si de relaciones humanas, lo cual les beneficia de cara a sus compañeros.

Jen, al más puro estilo Brigett Jones, es una mujer insegura, con muy mala suerte con los hombres pese a su aspecto agradable y que no duda en mentir para conseguir sus propósitos, como mintió en su currículo para conseguir el trabajo. Con la llegada de ésta al Departamento, las situaciones ridículas e inesperadas comienzan a fluir a borbotones.

Como personajes secundarios en las dos primeras temporadas encontramos a Denholm Reynholm (Chris Morris), el jefe de la compañía, es sin duda alguna una parodia del directivo-ejecutivo moderno, siempre dispuesto a innovar, sin tener ni idea que casi nada. Absorto en si mismo, no suele prestar atención a sus empleados y de deja llevar por sus impulsos, sobretodo cuando se trata de crear compañerismo entre sus trabajadores.

También aparece Richmond Avenal (Noel Fielding), el extraño chico gótico que trabaja en el Departamento detrás de la puerta roja, pero es ignorado por sus compañeros; ni él mismo tiene muy clara cual es la función que desempeña ahora empresa (antes era un alto ejecutivo, hasta que comenzó a sentir devoción por la música gótica). Sus gestos recuerdan al famoso Drácula interpretado por Bela Lugosi.

Y por último está Douglas Reynholm (Matt Berry), el “acosador sexual” que desde el primer momento fijará su mirada (y obsesión) en Jen. Es el hijo de Denholm, que no aparece en la serie (para heredar la empresa) hasta el fallecimiento de su padre, y suponemos que tendrá un papel muy relevante en la 3ª Temporada que está a punto de estrenarse en nuestro país. 

The IT Crowd es una brillante comedia de situación escrita por Graham Linehan y producida por Ash Atalla. El segundo es también el productor de The Office y el primero es el reconocido guionista de varios sitcoms de gran éxito en el reino Unido, como Father Ted (1995-1998), que narra la historia de tres curas irlandeses oligofrénicos, y Black Books (2000-2004) la de tres libreros perturbados. Además intervino en el programa de sketches Big Train (1998) y dirigió el episodio piloto de Little Britain... vamos, que no ha dejado de hacer reír a Inglaterra en los últimos años, y sus series se han convertido en series de culto, como ha sucedido con los Informáticos.

La serie Los Informáticos cuenta con 3 Temporadas de 6 desternillantes Capítulos cada una de ellas, los cuales aconsejo ver una y otra vez. Y yo tengo unas ganas enormes de que se me estropee el ordenador ya...

lunes, 25 de mayo de 2009

Planeta Cine #23: Bajo el influjo de los Illuminati

Aprovechamos que la semana pasada, por cuestiones de agenda, no tuvimos Planeta Cine para reunir hoy el estreno de la semana con la película del momento. El pasado viernes se producía el estreno más esperado de lo que llevamos de año, justo tras dos semanas consecutivas en las que llegaban a nuestras carteleras dos auténticos blockbusters: X-Men Orígenes Lobezno y Star Trek. Buena época para la taquilla. Ángeles y demonios, el filme de Ron Howard que adapta el best-seller homónimo de Dan Brown que en la novela es precuela pero en la pantalla se conviete en secuela, se ha convertido en el estreno más taquillero de lo que llevamos de 2009, por encima del podio que hasta ahora conformaban Gran Torino, Slumdog Millionaire y El curioso caso de Benjamin Button. Más de cinco millones de euros en España el primer fin de semana le auguran convertirse en la película más recaudadora del año a falta de grandes y esperadas películas para este verano como Harry Potter y el misterio del príncipe o Terminator: Salvation que la destronen. En resumen, una película paradigmática de ese término que los anglosajones definen como must see, es decir, esa película que "debe verse" si hoy en día se va a cualquier cine comercial. Como Sony Pictures ya se ha encargado de publicitar hasta la saciedad su criatura, poco hay que decir más. Esta vez al (discutible) Robert Langdon encarnado por Tom Hanks - que se ha llevado más de la mitad del presupuesto del film para su bolsillo, 60 millones de dólares sobre 115 - le acompaña un (de nuevo discutible) Ewan McGregor en el papel del Camarlengo. Ya no está Audrey Tautou, sino Ayelet Zurer, actriz israelí que hace de italiana, pues los acontecimientos suceden en Roma en lugar de en París. Conspiraciones contra la iglesia en un guión adaptado por el oscarizado Akiva Goldsman - en 2001 por el libreto de Una mente maravillosa, donde ya trabajó con Ron Howard y éste también ganó el Oscar al mejor director - y David Koepp, cuidadísima producción, inspirada banda sonora de Hans Zimmer y elegante fotografía al servicio de un vertiginoso thriller a contrarreloj que coquetea peligrosamente con lo fantástico e inverosímil pero que, por encima de su predecesora en este aspecto, no se puede decir que no sea entretenida.

Y a la sombra del éxito de Ángeles y demonios llega esta semana a nuestras pantallas de Castellón, sabida cuenta de que la competencia es mucha, sólo una película: Noche en el museo 2. Protagonizada por Ben Stiller, al igual que su predecesora, ofrece humor para todos los públicos plagado de efectos especiales muy conseguidos y figuras, animales y muñecos históricos que cobran vida, muy a lo Jumanji, película de la que éstas son muy deudoras. En la película que ahora se estrena, el vigilante jurado Larry Daley (Ben Stiller) se ve obligado a decir adiós a todos sus amigos cuando deciden hacer el Museo de Ciencias Naturales más "interactivo" y sustituyen todas las figuras por hologramas. Sus amigos históricos son empaquetados y enviados a los archivos del famoso Smithsonian, en Washington, DC., el museo más grande del mundo. No han pasado ni 24 horas cuando Larry recibe una llamada de Jedediah, el cowboy en miniatura, y descubre que la tabla de Ahkmenrah ha sido extraviada y esto ha hecho que el Smithsonian cobre vida. Para salvar a sus amigos, Larry tendrá que viajar a Washington, DC y luchar contra Kahmunrah, Al Capone, Iván el Terrible y Napoleón que han planeado un complot para apoderarse de la tabla. En medio del caos, Larry hará nuevos amigos, como Amelia Earhart o Albert Einstein que le ayudarán a detener el complot y salvar el museo. Mención especial para los cuadros de Hopper o de Pollock que cobran vida, toda una maravilla, y sobre todo cuando toma fisicidad la mítica foto de Albert Eisenstaedt en la que un Marine victorioso de la Segunda Guerra Mundial besa apasionadamente a una chica en Times Square, quizá el mejor momento del filme. Y también merece espacio aquí el papel de "la chica de la película", que en este caso es para Amy Adams - la últimamente prolífica actriz de Encantada: la historia de Giselle o La duda, por la que obtuvo su primera nominación al Óscar -, interpretando a la primera mujer que cruzó el Atlántico en avión, Amelia Earhart, una dama de los años 30 que nos recuerda a las bellas, fuertes e inteligentes mujeres de las screwball comedies clásicas de Hollywood. De lo mejor de la película.

sábado, 9 de mayo de 2009

Planeta Cine #22

Estrenos para esta semana que arrojan curiosos paralelismos con la anterior, en la que por el puente festivo no tuvimos Planeta Cine. La semana pasada se estrenó una gran y esperada superproducción hollywoodiense muy esperada por sus seguidores, que actuaba además como precuela de su saga: X-Men Orígenes: Lobezno. Esta semana, con idénticas credenciales nos llega Star Trek. Asimismo, la semana pasada nos llegaba a las salas 17 otra vez, comedia adolescente – calcada, por cierto, del clásico Big de Tom Hanks – con la estrella de High School Musical Zack Ephron, reclamo absoluto de toda esa generación de las llamadas tweenies, esto es, el término anglosajón para definir a las preadolescentes obnubiladas por el monstruoso aparato mercantilístico generado a partir del Disney Channel. Pues lo mismo esta semana para el estreno de Hanna Montana: La película. Dicho esto, pasemos a hablar más ampliamente de las películas que se estrenan este finde.

Star Trek es posiblemente el estreno más esperado en lo que llevamos de año, no sólo por los trekkies, sino por un buen puñado de seguidores – entre los que me cuento – que nos sentimos atraídos por cualquier producto que salga de la privilegiada mente de J.J. Abrams, director del film y artífice absoluto del resurgir de una saga que agonizaba tras nada menos que diez incursiones cinematográficas previas. El amigo J.J., nuevo Rey Midas de la industria audiovisual norteamericana con apenas cuarenta años, es el creador de la que es posiblemente la mejor serie de televisión de la actualidad: Perdidos. De un guión perdido en un cajón sobre unos náufragos, consiguió emprender una idea que tanto estructural, formal como narrativamente es toda una joya mucho más emparentada con el mejor cine contemporáneo que con el serial televisivo clásico. Innovadora y magistral, Perdidos es su carta de presentación principal, pero no la única. Este neoyorquino es creador también de la magnífica Alias, renovadora del serial sobre espías, una serie del todo recomendable donde saltó al estrellato Jennifer Garner. Antes, J.J. ya había creado junto a su buen amigo Matt Reeves la popular Celebrity. Y desde la televisión da el salto definitivo al cine gracias a Tom Cruise, que seducido por Alias, le pide que adapte la fórmula a la tercera entrega de Misión Imposible, toda vez es innegable que su creación televisiva ya era deudora de la serie original de Brian de Palma. Su última producción de Monstruoso, film cuya dirección delegó en su amigo Reeves, fue todo un ejemplo de publicidad viral en Internet y un fenómeno en los Estados Unidos – en España tal vez eclipsado por el impacto de nuestra Rec que utilizaba similares recursos narrativos –. Dicho todo esto, Abrams ya llevaba tiempo enfrascado en un personalísimo proyecto, el de hacer renacer una mítica saga – la serie original de Star Trek data de 1966 – con la intención de darle un aspecto renovado, puesto que su juventud la marcó la trilogía original de La Guerra de las Galaxias. Como las obras de Lucas, aquí Abrams impregna su trama de una mayor carga de aventuras, acción e impecables efectos especiales por encima de la clásica ciencia-ficción que había caracterizado la saga. Como precuela, al igual que ha sucedido recientemente con James Bond, Batman, Hannibal o Lobezno, explora la génesis de los personajes, con la maestría suficiente para no inferir en la lógica de todo lo que sucederá en las (numerosísimas) obras posteriores. Maestría que se hace extensible en la capacidad para ser tanto un atractivo producto para neófitos de Star Trek como una película que respeta e incluso homenajea toda la mitología trekkie. De hecho, su mayor homenaje es la aparición del icono Leonard Nimoy, el Spock original, haciendo de su personaje en edad anciana. El Spock joven, por cierto, lo encarna Zachary Quinto, el inquietante Sylar de la serie Héroes. Al capitán Kirk le da vida Chris Pine, actor secundario de comedias románticas como Princesa por Sorpresa 2 o Devuélveme mi suerte. Junto a esta pareja protagonista de jóvenes actores y otros secundarios, veteranos como Wynona Ryder – la madre de Spock en una corta pero emotiva aparición – y Eric Bana en el papel del villano Nero. Muchas cosas más de esta destacada película podríamos decir, pero el espacio es limitado y mi recomendación es que no la dejéis pasar si sois amantes del género y mucho menos – aunque esto sobra decirlo – si corre algo de sangre trekkie por vuestras venas.

Como siempre, alternativa encontramos en la comedia romántica de la semana: Nunca es tarde para enamorarse, que cuenta precisamente eso, que nunca es tarde para enamorarse. Él es Harvey, con la piel del doblemente oscarizado Dustin Hoffman. Neoyorquino divorciado, insatisfecho con su trabajo, viaja a Londres a la boda de su hija. Ella es Kate, con la apariencia de la también doblemente oscarizada – menuda pareja – Emma Thompson. Británica, eterna solterona, trabaja en Londres haciendo encuestas y siempre pendiente de las llamadas telefónicas de su madre empeñada en buscarle un novio. La magia del cine hará que el destino los haga coincidir en Londres, encontrándose sus cínicas existencias en un punto de retorno de todo en el que no esperarán lo que el amor aún les depara. Fórmula similar a la reciente Noches de tormenta con Richard Gere y Diane Lane o a la Cuando menos te lo esperas de Jack Nicholson y Diane Keaton. No olvidemos, haciendo algo de historiografía cinematográfica, que las comedias románticas clásicas las protagonizaban actores maduros, y es la post-modernidad cinematográfica la que ha hecho que sea pasto de adolescentes y veinteañeros. Por cierto, curiosa adaptación del título original – muy típicamente nuestro – al español, del más ajustado como siempre Last chance Harvey – en referencia a su última oportunidad, como los avisos que recibe en el aeropuerto cuando pierde el vuelo – al excesivamente explícito Cuando menos te los esperas. Hoffman y Thompson son la mejor garantía de credibilidad y calidad en las interpretaciones, principal reclamo para elegir pasar dos entretenidas horas con esta correcta película.

Tercera y última parada en la cartelera para el “otro gran estreno” de la semana – aún os diría que el más esperado si tenemos en cuenta que en Castellón se podían reservar entradas en taquilla desde antes de su estreno, algo que no sucedía con Star Trek. Estamos hablando del fenómeno juvenil Hannah Montana: La película. Como de la película, a nivel cinematográfico, poco podemos aportar, os explicaré brevemente de qué va todo este fenómeno. La actriz es Miley Cyrus, que también es cantante y vende discos como tal. En la televisión, en El show de Hanna.h Montana su personaje es Miley Stewart, que tiene una vida sencilla con familia y amigos del “insti”, pero que cual transformación vampírica nocturna esconde una doble vida como Hannah Montana, cantante icono de masas con un éxito tremebundo. Y como dice el tema principal de su banda sonora: “The best of both worlds”, Miley/Hannah tiene lo mejor de los dos mundos, normalidad y estrellato, tan sólo poniéndose y quitándose una peluca rubia. Además, todo esto tiene ciertos aires autobiográficos sobre todo porque su padre en la ficción, Billy Stewart, es en la realidad Billy Ray Cyrus, su padre en la vida real. En suma, una suerte de evolución ficcionada de Operación Triunfo, es decir, música pop e ídolos juveniles para identificarse con esas tweenies deseosas de ropa y complementos fashion, peinados cool y toda la parafernalia y merchandising de Disney Channel que las fascina. A todo esto, la versión cinematográfica del show televisivo que ahora se estrena traslada a la protagonista a sus humildes orígenes familiares en Tennessee, alejados de su glamour de su día a día. Allí vivirá en un rancho con caballos donde su belleza y su música no pasarán inadvertidas. Y tampoco el chico guapo con sombrero a lomos del caballo de turno – un poco a lo Brad Pitt en Leyendas de pasión, he de decir… –. Un producto que se hará pasable para los padres que acompañarán a sus criaturas, que disfrutarán de lo lindo “con 12 nuevas canciones” – como reza el trailer – así como necesitarán de todo el merchandising que tan astutamente la Disney ha producido para publicitar tal acontencimiento.

jueves, 7 de mayo de 2009

Cinecalipsis: el hombre sobre el cable

Estando en la sala del dentista Philippe Petit queda fascinado por una imagen en una revista. De cualquier forma se tiene que hacer con esa página para poder llevarla consigo. Disimuladamente tose y aprovecha el ruido para arrancar rápidamente la hoja, la esconde en un bolsillo y sale apresurado de la sala. Esa imagen le acompañará durante toda su vida.

La foto que el funanbulista francés Petit lleva consigo durante toda la vida muestra el proyecto de las Torres Gemelas, todavía en construcción. Philippe no parará hasta conseguir caminar entre lo más alto de esas dos torres.

Así es como comienza Man on Wire, la narración de la fabulosa odisea de este personaje circense por caminar en lo más alto. El documental dirigido por James Marsh ganó en 2009 el Oscar al mejor largo documental, además del Gran Premio del Jurado y el Premio de la Audiencia al mejor documental en Sundance en 2008 y el BAFTA a la mejor película británica, entre otros galardones. No es de extrañar porque esta cinta nos cuenta una historia apasionante, verdaderamente emotiva y capaz de hacer saltar una lagrimita de emoción incluso al más duro de los duros.



Entre el género documental y el thriller, el film tiene la capacidad única de narrar un hecho, ya de por si fascinante, con sus toques de romanticismo, pero también de pasión casi suicida, de forma trepidante, al más puro estilo de las películas de grandes atracos y persecuciones entre el poli y el caco.

Hay dos historias dentro de la propia narración, la primera la entrada a las Torres que finalizada con el protagonista colgado en la cuerda floja –por una vez literalmente-, y la segunda en la que presentan a los personajes y se realiza un recorrido por la vida de Philippe y la preparación del plan.

En un momento Philippe llega a obsesionarse con la películas de robos, de policías y ladrones, lo que justifica el estilo del documental, que presenta la épica aventura, desde el idealismo de los personajes del cine negro, de los grandes asaltadores, realizando una comparación con las actividades delictivas, pero con un fondo artístico, así como los gángsters eran humanizados del cine, convertidos casi en héroes.

La película presenta momentos de la preparación del evento, que dura 6 años, y muestra fotografías del paseo, así como la reconstrucción de los hechos (con el actor Paul McGill en el papel de Petit) y entrevistas actuales a los participantes. Con la mezcla de los elementos el director consigue crear un ritmo de constante crescendo, para llegar al final, de una apoteosis absolutamente orgásmico y con un final muy cinematográfico en el que el final de los personajes es irremediablemente trágico de una forma muy francesa, claro está.

Aquí podéis ver el documental (o como no hacer justicia a una película) y un fragmento del documental en inglés (sin sutítulos):







sábado, 25 de abril de 2009

Planeta Cine #21: Propuestas "internacionales"

Me gustaría saber a mí por qué nos gusta tanto en España "adaptar" con un subtítulo a modo "folklórico" cualquier título que nos atrevemos a dejar en versión original, y siempre con una intencionalidad como de: "Aunque el título original lo dejamos porque mola, la película va de esto, pero que quede bien". No sé, me viene a mí a la mente, así de primeras, del original Brokeback Mountain, el subtítulo que se le puso a modo de coletilla En terreno vedado. Y dicho esto, también me parece digno de investigación por qué se crean géneros a partir de traducciones sui generis de títulos originales. Hablamos hace meses del género "de pelotas" a raíz de películas como Cuestión de pelotas, Una pandilla de pelotas o Hermanos por pelotas, cuyos títulos nada tienen que ver con la traducción literal de sus referentes anglosajones. Pues hoy, todo esto viene a cuento de The International, película que aquí, tras dejar este acertado título, se ha acompañado de la insalvable partícula adherida Dinero en la sombra. En este caso tenemos paradigma de la célebre hispano-coletilla folklórica y, de paso, otro "género por traducción": El de la "sombra". La semana pasada misma se estrenaba, del original State of play, La sombra del poder, y el viernes anterior: Espías en la sombra. Así otra vez de sopetón, me vienen a la mente La sombra del testigo, Conspiración en la sombra, La sombra del reino, La sombra del cazador... Digo yo que será por el "mal rollo" que da la connotación de "sombra" en el título para los thrillers, porque en más de la mitad de los casos, el término "shadow" no lo encontramos en el original...

Tras este (necesario) desvarío, entramos ya en The international (dejémosla así), un thriller de acción en el que el sistema bancario internacional y el entramado de intereses políticos mundiales que hay tras él son el objetivo de una investigación llevada a cabo por un agente de la Interpol (Clive Owen) y de la ayudante del fiscal de Manhattan (Naomi Watts). A partir de destapar un escándalo mayúsculo de venta de armas en países del tercer mundo a través de un banco tapadera con sede en Luxemburgo, The International construye un apasionante ejercicio de intriga y acción donde un Clive Owen que hibrida en su personaje trazas de James Bond y de Jason Bourne intentará denunciar un sistema financiero y político enfermo y corrupto. La historia, haciendo valer el título del film, se ubica en diferentes naciones y tiene una perspectiva globalista que se agradece mucho en títulos pretendidamente tan "americanos". Las localizaciones donde veremos a los protagonistas van desde Istambul a Milán (donde hay una gran escena con un francotirador), pasando por Berlín o Nueva York. Mención aparte merece la secuencia del violento tiroteo en el Museo Guggenheim de NY, narrada con un pulso y una habilidad narrativa sensacionales, de ésas que ya solas te pagan la entrada del cine. No en vano tenemos tras las cámaras al alemán Tom Tykwer, quien ya deleitó por su ritmo narrativo en la frenética pero quizá excesivamente videoclipística Corre, Lola, Corre, toda vez es una película que recomiendo eche un vistazo a todo el que no la haya visto. Su evolución le llevó a orquestar la adaptación al cine de la exitosa novela de Patrick Süskind: El perfume, que hasta ahora era la última línea de su currículum. Ahora cimenta un modélico thriller que es, sin duda, lo mejor que se estrena esta semana, y como mi función aquí además de informar es precisamente ésta, valorar, os recomiendo su visionado.

Luego está "la española" de la semana. Como siempre. La multipromocionada en televisión Fuga de cerebros, película que se resume fácilmente con una frase: American pie a la española. Además nadie de su equipo lo oculta. La fórmula es sencilla. Se ponen detrás de las cámaras a gente que viene de trabajar en televisión, como el director Fernando González Molina o los guionistas Álex Pina y Curro Velázquez, que han trabajado, por ejemplo, para Los hombres de Paco. Después, ante las cámaras, un buen puñado de atractivos rostros conocidos de la pequeña pantalla con el reclamo evidente de la belleza de Amaia Salamanca, de Sin tetas no hay paraíso. Aliñamos esto con grandes nombres de la ficción española como Antonio Resines, Loles León y José Luis Gil (al estilo Aquí no hay quien viva), Fernando Guillén Cuervo, Álex Angulo o Mariano Peña (el Mauricio Colmenero de Aída). Ahora elaboramos un guión lleno de estereotipos, fácil de seguir, con desnudo (gratuito) de la atractiva protagonista y con un sinfín de gags escatológicos y esperpénticos y lo promocionamos para captar al público adolescente, esto es, y ya lo he dicho en múltiples ocasiones, el hoy en día público preferente de las salas y paga las entradas de cine. El resultado, a las pruebas me remito. ¿Alguien ha dicho Mentiras y gordas?. Efectivamente. Exacto patrón. Pues deciros que fue número uno en taquilla en la semana de su estreno, por más que (con cierta razón aunque muy perversamente) se la ha utilizado de arma arrojadiza para desprestigiar y etiquetar de poco menos que inútil a su guionista Ángeles González-Sinde, ahora célebre Ministra de Cultura del Gobierno. Ah! Se me olvidaba la sinopsis, aunque pueda parecer innecesaria. Emilio (Mario Casas) está enamorado de Natalia (Amaia Salamanca) desde los cinco años. Cuando por fin cree reunir el valor para declararse, al acabar el instituto, a ella le dan una beca para estudiar medicina en Oxford. Sus cuatro pueriles y patéticos amiguetes (a saber: un ciego romántico, un parapléjico salido, un chuleras y un gitano "camello" trapicheador) falsifican documentos y le acompañan para ir tras ella. A partir de ahí, todo tipo de situaciones tópicas e infames con chistes de mal gusto (incluso necrofilia) que uno pueda imaginar. Decir que, así como en The International las múltiples localizaciones son reales (y fantásticamente fotografiadas), en Fuga de cerebros podemos imaginarnos que las escenas no se han rodado en la mítica sede británica, aunque a quién le importa al fin y al cabo, hemos pasado de Los crímenes de Oxford a Los frikis de Oxford.

Se estrena también este fin de semana Rudo y Cursi, film que también nos ofrece la posibilidad de catalogar (aunque cómicamente) con una sola expresión: "Oliver y Benji a la mejicana". Así, como lo leéis, esta película mejicana trata de la vida de dos hermanos: Beto y Tato, uno portero, el otro delantero que sueñan con ser unos ases del deporte rey (Oliver... Benji... los magos del balón; Benji... Oliver... sueños de campeón...). En el camino se topan con el arquetípico representante: embaucador, liante, interesado, con labia y, encima: argentino. Él consigue llevarlos a la fama, aunque en el tránsito encontraremos múltiples aventuras y desventuras de por medio. En resumen, simpatiquísima comedia mejicana que logra reunir a los seis "hombres de cine" mejicanos más importantes del nuevo milenio. Ahí van: Gael García Bernal y Diego Luna como los hermanos protagonistas, Carlos Cuarón (hermano de Alfonso) en la dirección, y el celebérrimo trío Alfonso Cuarón, Alejandro González-Iñárritu y Guillermo del Toro en la producción. Ahí es nada... La película va narrada mediante la voz en off de "El Batuta", el representante argentino (Guillermo Francela), personaje clave y que consigue hilvanar los aspectos de la historia y de la vida misma a través de símiles futbolísticos. El único handicap puede ser que no todo su humor se "capta" como debería, pues es una cinta "muy mejicana", pero en conjunto asegura un buen rato de diversión, con moralina evidente sobre la banalidad de la fama, el papel de la familia y la corrupción generada por el dinero.

Por cierto, aunque con menor distribución, se estrena también la última obra maestra de la animación clásica del GENIO (en mayúsculas) Hayao Miyazaki: Ponyo en el acantilado, una versión absolutamente libre de La sirenita en la que un muchacho de cinco años mantiene una relación con una pequeña pez que tiene sueños de convertirse en humana. Una delicia llena de ingenuidad, inocencia y belleza alambicada a partir de la simplicidad del dibujo clásico y del minimalismo formal, algo que la animación mainstream hace ya tiempo que, por desgracia, parece tener ya olvidada. La cinta tuvo una gran recepción crítica en el festival de Venecia y, si podéis, no debéis dejarla escapar.

viernes, 24 de abril de 2009

Cinecalipsis: manual para el perfecto ateo

Desde que Michael Moore diera rienda suelta a todas sus ideas, algunas más acertadas que otras, en sus cintas, miedos y opiniones, en Bowling for Columbine, el cine dió el pistoletazo de salida para un nuevo género, una revisión del documental cuyo principio básico no era la imparcialidad y la objetividad, sino el amarillismo más absoluto, aunque también la crítica social y la ironía. No es que fuera un fenómeno nuevo, pero desde luego antes del abucheado Michael este género no llenaba salas de cine ni copaba las portadas de los periódicos.

Desde entonces hemos visto cantidad de documentales de denuncia, ya sea contra la posesión de armas, el fast food o la forma de operar de las industrias cárnicas. La religión no podía ser quedar fuera de esta conjura y hoy, para los más ateos -o incluso, agnósticos con dudas- os proponemos tres documentales que harán las delicias de cualquier 'fan' del evangelismo:

Campamento Jesús (2006): polémico documental, estrenado en el último festival de Tribeca, sobre los campamentos cristianos para niños en EE.UU. y, concretamente, Kids on Fire, organizado por Becky Smith en Dakota del Norte. Las directoras del documental, Rachel Gray y Heidi Ewing, siguen a tres niños de unos 10 años que son imbuidos de la forma de ver el mundo de una parte de la Iglesia Evangélica, ideas que incluyen que Harry Potter debería ser condenado a muerte por practicar brujería o las mentiras detrás del calentamiento global. No se pierda como bendicen las sillas, mesas e incluso el power point y el equipo técnico.





Religulous (2008): documental dirigido por Larry Charles (Borat) y protagonizado por el humorista estadounidense Bill Maher, presentador de Real Time with Bill Maher en la cadena HBO. Famoso por su postura contraria a la religión, Bill Maher visita diferentes congregaciones religiosas y habla con científicos desde la ironía sobre la religión y el porque de la fé. Sin duda los momentos má divertidos se concentran en la visita a la capilla-trailer para camioneros y la entrevista con el actor/Jesús de The Holy Land Experience.





For the bible tells me so (2007): aterrador documental sobre la opinión de la iglesia sobre la homosexualidad en Estados Unidos y la posición de algunos católicos acerca de este tema. Sin duda trágico en todo momento, sella una denuncia abierta hacia una de las opciones más radicales dentro de la misma iglesia.






sábado, 18 de abril de 2009

Planeta Cine #20

Tras la semana festiva y su correspondiente descanso en la que no tuvimos Planeta Cine, las distribuidoras no desaprovecharon la ocasión y adelantaron el estreno de un buen puñado de títulos al pasado miércoles 8 de Abril. Esta semana, con todo normalizado ya, vuelven los estrenos al clásico viernes, de modo que tenemos acumulados unas cuantas películas de las que tenemos que hablar. Empezaremos como siempre por los estrenos de este mismo fin de semana (destacaremos los dos más comerciales y que a buen seguro estarán en la mayoría de las salas de nuestra provincia) y nos haremos eco de los estrenos más destacados de la semana anterior.

Se estrena hoy La sombra del poder, obra a medio camino entre la adaptación y el remake de la miniserie creada por la BBC en 2003 llamada State of play. Se trata de un complejísimo thriller político centrado en el periodismo, con claras referencias - y es fácil adivinarlo - al mítico film de Alan J. Pakula Todos los hombres del presidente. Aquí, Russel Crowe hace del periodista de la vieja escuela, tosco y poco tecnófilo pero muy intuitivo y con olfato para los escándalos políticos. Rachel McAdams hace de su joven periodista compañera, inexperta pero con mucho tesón y motivación, referencia clara a los nuevos caminos que el periodismo contemporáneo está emprendiendo (tecnología, blogs...). Luego está Ben Affleck como el congresista que se verá metido en el escándalo - de hecho el film podría haberse titulado Todos los hombres del congresista - y el cuarteto lo completa la oscarizada Helen "The Queen" Mirren como la jefa del Washington Globe en la que trabajan Crowe y McAdams. La enrevesada trama y los continuos giros de guión están a la orden del día, objetivos ocultos, informaciones inesperadas, intereses escondidos, presiones del poder... todo ello cuestiones que es difícil resumir aquí pero que pueden ilustrarse a la perfección simplemente mencionando el currículum del trio de guionistas que se ha encargado de adaptar el libreto original. Para empezar, Tony Gilroy, director y guionista de las recientes y exitosas Michael Clayton y Duplicity, que para quien las haya visto, sabrá de sobra que convierten a su creador en todo un especialista en tramas de espionaje, intereses mercantiles y grandes multinaciones con secretos que esconder. Luego está Billy Ray, director y guionista de la reciente El espía, otra película con tintes clásicos y con una trama detectivesca de corporaciones cruzadas con conspiraciones gubernamentales. Adereza este resultado con Matthew Michael Carnahan, autor del libreto de La sombra del reino, reciente film pseudo-bélico con Jennifer Garner y Jamie Foxx que trataba sobre los intereses norteamericanos en Medio Oriente y el terrorismo islámico como telón de fondo. Con todo ello, ahora estos tres señores de sobrado talento han intentado compendiar seis horas de miniserie en un largometraje de dos horas, logrando un producto lo suficientemente enrevesado como para captar la atención del espectador más osado. Así, buen guión - aunque con los evidentes e insalvables clichés del género - y buen reparto - al brillante cuarteto citado acompañan papeles menores de Robin Wright Penn, Jason Bateman, Viola Davis o Jeff Daniels - y dirección a cargo de Kevin Macdonald, cineasta de corte documental que años atrás se interesó por la trama política en El último rey de Escocia, película por la que Forest Whitaker ganó el Oscar a mejor actor protagonista. En resumen, buen y recomendable thriller, apartado de la artificiosa parafernalia efectista del actual cine post-moderno que no decepcionará a los amantes del género.

La montaña embrujada, por su parte, propone todo aquello que no es La sombra del poder. Típica y tópica cinta de cine de acción y aventuras infantiles donde dos solitarios niños - interpretados por la prolífica AnnaSophia Robb de La cosecha, Un puente hacia Terabithia, Jumper y Charlie y la fábrica de chocolate y el menos conocido Alexander Ludwig - cogen un taxi conducido por Dwayne "The Rock" Johnson y le piden que les lleve al desierto de Las Vegas. Todo aparentemente normal hasta que nos damos cuenta que estos niños no son humanos, sino alienígenas con aspecto terrícola que buscan "La montaña embrujada" del título para salvar a su planeta. A partir de ahí, pues eso, aventuras y persecuciones por parte de un gobierno "que no niega todo conocimiento", un cazarrecompensas extraterrestre que intenta capturarlos - todo ello muy de Expediente X - y diversión y efectos especiales a go-go. Completa el reparto Carla Gugino, "Espectro de seda" en la reciente y alabada Watchmen, que hará de esa científica que cree la historia de los niños y que se unirá a su cruzada, obviamente con ese inevitable escarceo amoroso con el prota de la peli, en este caso el inexpresivo "The Rock" para cerrar el estereotípico formato familiar de la peli. Ah! se me olvidaba... produce y distribuye la Walt Disney, claro. A todo esto, el film vuelve a ser - y van ya... - un remake de la cinta original de 1973 dirigida por John Hough titulada en USA Escape to Witch Mountain - por el libro que adapta - y que, para mí habla por sí solo, se ha reformulado allí como Race to Witch Mountain, es decir, mucho más atractivo que sea una "race" que no una "escape" simple... con eso ya os digo qué ha primado en la actualización de la película setentera. Más acción y más efectos especiales, obviamente. Dirige Andy Fickman, en la "nómina" de la Disney desde que orquestó, también curiosamente con Dwight "The Rock" Johnson, la comedia familiar e infantil Papá por sorpresa. Así, se trata pues de una película que hará las delicias de los más pequeños y los adultos que les acompañarán encontrarán cierto placer en localizar las referencias - no demasiado sutiles - a títulos míticos de la ciencia-ficción como Matrix, Star Trek o Encuentros en la tercera fase.

La semana pasada, por su parte se estrenaron hasta cinco títulos en cartelera, siendo quizá Dragonball Evolution la más esperada de todas. Es muy posible que muchos ya la hayáis visto, por lo que no dudo confirmaréis que se convierte en el vil y cruel asesinato a toda una generación de infancias que han crecido con la serie. La peor película en lo que llevamos de año y posiblemente una de las peores que se estrenarán en mucho tiempo. Los motivos son muchísimos, de verdad, pero no hay espacio para ello, así que si queréis, lo debatimos en los comentarios. Es que si me pongo a criticarla no pararé... Además de este despropósito dirigido por James Wong, se estrenaron - y continúan en cartel - Señales del futuro de Alex Proyas - Dark City, El Cuervo, Yo Robot - con Nicolas Cage haciendo de Nicolas Cage, Al final del camino con Fernando Tejero y Malena Alterio haciendo de pareja protagonista con el mismo perfil que lo hacían en Aquí no hay quien viva y, finalmente, dos cintas francesas: París París de Christophe Barratier, que consiguió un gran éxito con su anterior Los chicos del coro y Espías en la sombra de Jean-Paul Salomé. Cualquier cuestión que queráis que comentemos de estas películas que se estrenaron la semana pasada, los comentarios están abiertos para todos.

jueves, 9 de abril de 2009

Cinecalipsis: el largo, el corto y el malo

Ocurren 2 hechos:

- La semana pasada por fin pudimos ver Los Cronocrímenes en Castellón, aunque durante solo un pase y en la sala del EACC donde apenas caben 55 personas. Eso sí, la sala se lleno y finalmente se dejó pasar a la gente sin entrada que se apiñó en el suelo y rincones libres.

- Comienza la Semana Santa y ya tengo pocas ganas de escribir, más bien me apetece irme de viaje, tomar cañas, etc.

Haremos pues un repaso a los cortometrajes que Nacho Vigalondo dirigió antes y después de Los Cronocrímenes, porque se me ocurren pocas formas mejores de pasar un rato de vacaciones.

Código 7 (2002): serie de 3 cortometrajes cuya primera entrega fue nominada al Gran Premio del Jurado en la Tercera Edición de Nodofilmfest.com. Tres cortos basados en una misma escena, pero con diferentes narraciones en off, simplemente genial.





7:35 de la mañana (2004): corto musical por el que Nacho Vigalondo fue nominado a mejor cortometraje en los Oscar.





Choque (2005): divertidísimo corto sobre el patético síndrome de Peter Pan que ganó el Premio del público al mejor cortometraje en Fotogramas.





Domingo (2005): divertido ejercicio narrativo realizado por Vigalongo como miembro del jurado del Notodofilmfest. Vigalondo siempre demuestra que es capaz de contar historias fantásticas con los recursos disponibles, evitando hacer más de lo que técnicamente está a su alcance.





Regreso al futuro IV (2008): sketch dirigido por Vigalondo dentro de la segunda temporada de Muchachada Nui. Una explotation de diferentes referentes pop de los 80 a los que son adictos Joaquin Reyes y su séquito.





Quiero dormir (2009): siguiendo la estela del éxito de 7:35, Pikolín contrata a Vigalondo para realizar un anuncio musical dentro de su campaña de concienciación del ruido. El resultado estupendo, la pretensión social dudosa.





Marisas (2009): es una producción de Arsénico para el Festival Notodofilmfest. Una preciosa y triste historia de amor y ciencia-ficción.



sábado, 4 de abril de 2009

Planeta Cine #19: Coches, Thriller Erótico, Cine de Época y Animación 3-D

Llega esta semana a las pantallas de nuestra provincia la cuarta entrega de la franquicia A todo gas, esta vez bajo el título Fast and furious: aún más rápido. Todo un ejercicio de originalidad en la variación en los títulos de cada parte, pues la primera se llamó The fast and the furious, la segunda 2 fast 2 furious, y la tercera Tokio Race (Tokio Drift en el original, por aquello del drifting). Total, que no nos hubiera extrañado haberla visto como "QuatriFast QuatriFurious". Para tal efeméride, el principal reclamo del film es haber vuelto a unir a los cuatro papeles principales originales. Vuelven Michelle Rodríguez, Jordana Brewster, Paul Walker y, sobre todo, Vin Diesel. No olvidemos que allá por 2001, cuando arrancó - nunca mejor dicho - la saga, éste era un absoluto desconocido y ahora, aunque incapaz de conseguir un hueco reputado en el cine hollywoodiense, sí que ha conseguido asociar su nombre a blockbuster casi asegurado. Sus papeles en xXx, Las crónicas de Riddick, Babylon... le han inyectado una reputación de actor de acción de la que no ha podido desprenderse ni con su comedia familiar Un canguro superduro ni protagonizando el drama judicial - de la mano del más grande de la historia, posiblemente, en este particular género, el octogenario Sydney Lumet - Declaradme culpable. Detenernos en Vin Diesel para hablar del estreno de Fast and Furious: aún más rápido, era inevitable, pues el argumento no da para más. Dominic Toretto, el mítico ladrón de coches encarnado por Diesel, ha de volver a sus andadas, cuando ya estando retirado de todo, su novia es asesinada. El objetivo de su venganza le hará coincidir con el apuesto detective interpretado por Paul Walker, con quien compartirá enemigo común, y necesidades de conducción extrema al mando de perfectas máquinas tuneadas en carreras y escenas magistralmente coreografiadas repletas de turbos y nitros. La dirección corre a cargo del taiwanés Justin Lin, encargado de la dirección de la entrega anterior. Coches imposibles, chicos tremendos, chicas potentes, carreras a go-go y escenas límite con volante entre manos, todo ello espectacular y fantasiosamente increíble acompañado de una banda sonora a modo de oda al subwoofer. Nada, al fin y al cabo, que no resulte demoledoramente seductor para un importante sector de la audiencia adolescente/juvenil asidua a las sesiones golfas del fin de semana. Lejos queda aquella primera y mítica historia de persecución entre un Ford Mustang GT390 Fastback verde oscuro y un Dodge Charger R/T 440 Magnum, ambos del '68, con las empinadas e interminables calles de San Francisco como telón de fondo, la inolvidable música de Lalo Schifrin combinando Jazz y percusión, y Steve McQueen al volante... Si no sabéis de qué película os hablo, es que estáis excesivamente rendidos a la explosión de testosterona digital post-moderna del cine de coches contemporáneo. Aquella cinta ganó el Oscar a mejor montaje cuando éste no se hacía con Final Cut o Premiere, como ahora... y es toda una clase magistral de ello, y referencia-homenaje obligada de cada película posterior de coches de la historia... Os hablo, naturalmente, de Bullitt. No estaría de más que tras la sesión frenética de la película que ahora se estrena, en el sofá de nuestro salón, revisitáramos - o descubriéramos por primera vez - cómo han cambiado los tiempos de este tipo de cine en cuarenta años...

Alternativa a la anterior es La lista, thriller erótico que supone el debut en la dirección de Marcel Langenegger. Lo cierto es que es semana de títulos cuyo reclame surge de cuestiones paralelas o tangenciales al guión, pues en este caso lo que llama la atención es su reparto protagonista. Natasha Henstridge, Charlotte Rampling, Michelle Williams, Ewan McGregor y el resurgido mundialmente tras los Oscar, Hugh Jackman, completan un atractivo cartel. Y parece que sólo eso, porque la película se diluye a partir de ellos y de un planteamiento simplemente prometedor. Similar a la obra póstuma de uno de los más grandes de la historia: Eyes Wide Shut, pero a años luz de ella en todos los sentidos, Ewan McGregor interpreta a un hombre gris, un auditor tímido, reservado, repeinado y con gafas, que un buen día se cruza con el abogado seductor y misterioro al que da vida Hugh Jackman. De ese contacto acaba contactando con una lista - la del título - secreta de altos ejecutivos, que en la mayor de las clandestinidades, acuerdan encuentros sexuales con la única regla de que no haya vínculos emocionales ni sentimentales de ningún tipo. Así, el personaje de McGregor conoce al de Michelle Williams, de la que se enamora. La trama, a través de esos manidos giros argumentales ¿in?esperados del suspense norteamericano contemporáneo - con referencias obvias a Hitchcock, pero eso, muy lejanas - se va complicando hasta convertirse en toda una pesadilla en la que Jackman parecerá "el malo de la película". Cuando un thriller erótico como este, carece de la carga erótica de títulos como el de Kubrick o, ahora se me ocurre, el Instinto básico de Paul Verhoeven, y sus giros son previsibles o, al menos, anticipables, nos queda como mucho una película muy discreta, y, mayormente, una Deception, como reza además curiosamente el título original de la misma.

Radicalmente distinta a las anteriores, La duquesa ofrece nuevamente otro reclamo más allá de lo que nos cuenta. Fue la pasada ganadora del Oscar a Mejor Vestuario, y lo cierto es que su exquisito diseño de producción, su cuidado maquillaje, impresionante peluquería... son razones suficientes para disfrutar de ella. Otro reclamo, si así lo queremos ver, es su protagonista absoluta, la ya casi especializada actriz en papeles pomposos, de tez blanquecina y vestidos de época, la londinense Keira Knightley. El film, de factura británica, efectivamente, nos traslada en el Siglo XVIII, donde la Duquesa del título, obviamente interpretada por Knightley, casada por conveniencia con el Duque de Devonshire - Ralph Fiennes - es incapaz de proporcionar a su marido descendencia masculina. Este hecho desatará toda la trama de la película, infidelidades, engaños y otros dramas de alcoba, de sobra conocidos por los seguidores de este tipo de cine británico de época, extremadamente puntillista en lo estético pero desgraciadamente despreocupado de sus virtudes cinematográficas. Quien sea seguidor de la excelente serie televisiva Los Tudor, por ejemplo, encontrará allí motivos mucho más atractivos para reafirmar el visionado de la producción de la pequeña pantalla que la película que ahora se estrena. En cualquier caso, film basado en la novela homónima de Amanda Foreman que no engaña a nadie que se deje embelesar por su envoltura preciosista y artificiosa, y además opción muy válida para quienes no sean target de los dos estrenos anteriores.

Y nos quedamos con la última de las películas que destacamos esta semana en Planeta Cine, que no es otra que Monstruos contra alienígenas. No nos engañemos, para mí sería la película de la semana si no fuera porque desconozco si se estrenará en Castellón y, en el caso de hacerlo, se hará con la tecnología para cuya proyección ha sido ideada: el nuevo "InTru3D" desarrollado por Dreamworks. Ésta es la primera película de animación de la productora que nos trajo la fundacional Shrek concebida enteramente para su consumo en tres dimensiones. Es por ello que no sé cómo estará el tema distribución de la cinta. En los tecnológicos Kinépolis Valencia sí os aseguro que es estreno destacado - y yo casi diría obligado -. Siempre - por desgracia para ellos - a rebufo de Pixar, llega ahora una producción con monstruítos, naves espaciales y extraterrestres - ¿alguien ha dicho Monstruos S.A.? ¿He oído Wall·e? - en la que ante una invasión alienígena, los humanos reúnen un ejército de simpáticos y pintorescos monstruos que nos defenderán de la ocupación. Ciertamente divertida y muy simpática, Dreamworks vuelve a quedarse lejos de la genialidad de aquella película seminal del ogro verde y, como sucede por ejemplo con la saga Madagascar, nos entretiene sin más. Jack Black dijo a Jennifer Aniston, presentando los Oscar de animación en la pasada gala, una cosa que me parece especialmente ilustrativa de todo esto. Le decía que él se había forrado "con la animación". La Rachel de Friends le contestaba que no lo entendía, porque ella le había puesto voz años atrás a un personaje en El gigante de hierro y tampoco se había hecho rica. El cómico concluyó con que "lo que tienes que hacer es doblar una película de Dreamworks" - que por lo visto pagan bien - "para luego aunar todo ese dinero, e invertirlo en Pixar...". Parece una chorrada pero para mí resume lo que hoy en día separa a las dos productoras de animación más importantes de Hollywood. Lo dicho, si podéis, id a verla porque promete ser toda una experiencia audiovisual que mejora las deficiencias mecánicas y visuales del clásico 3-D. Si más no, la diversión está asegurada.

sábado, 21 de marzo de 2009

Planeta Cine #18: La última de Almodóvar

En una semana particular por aquello del jueves festivo, el puente, las Fallas y la Magdalena, las distribuidoras han demostrado - nuevamente - olfato comercial adelantando los estrenos del clásico viernes al pasado miércoles, por lo que es probable que ya hayáis visto alguna de las películas que se estrenan esta semana. Planeta Cine asiste puntualmente a su cita con vosotros para poneos al día de las nuevas propuestas cinematográficas.

Como ya hemos visto, leído y oído, por activa y por pasiva, se ha estrenado la última de nuestro director más internacional, Pedro Almodóvar, bajo el título Los abrazos rotos. Con ella, el actor manchego cierra una década donde ha hilvanado las películas más maduras de su filmografía. Una línea estilística que empezó en 1999 con Todo Sobre Mi Madre, film que le valió su primer Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa. Luego llegó Hable con ella y ganó su segundo Oscar por el Mejor Guión Original. Tras ellas, La mala educación y Volver, por la que Penélope Cruz obtuvo su primera nominación al Oscar a Mejor Actriz Protagonista. Los abrazos rotos forma parte así de su catálogo de obras mayores, un melodrama con momentos trágicos, tintes de cine negro y thriller y aderezado de toques de comedia. Pero sobre todo, es un homenaje al cine. Y a su cine. El hecho de que en los créditos de inicio sólo aparezca él - guión y dirección de Almodóvar, el resto, a los finales - es una muestra más de que estamos ante la manifestación de un cineasta tan egocéntrico como genial. Y es que Almodóvar es un director que desata tantos odios como pasiones, siendo éstas últimas bastante más procedentes de fuera de nuestras propias fronteras. Es difícil ser profeta en su tierra, y en este caso, cuando aquí muchos son reacios a su cine, pero en cinematografías extranjeras como la norteamericana, pero sobre todo la francesa, es tratado de autor de culto, aún más. Decíamos lo del homenaje al cine porque es un cineasta muy propenso al homenaje, la cita, el pastiche y la autorreferencia. En Todo sobre mi madre la escena del accidente de coche es un calco de la de Opening Night de John Cassavettes - director que junto al alemán Rainer Werner Fassbinder forma parte de sus innegables espejos -, y frecuentemente, en sus películas los personajes van al cine o visionan fragmentos de otras películas que se convierten en premonitorias para el devenir de la cinta, como en Matador cuando se proyecta Duelo al sol de King Vidor, o cuando en Carne Trémula se ve en el televisor Ensayo de un crimen o La vida criminal de Archibaldo de la Cruz de Luis Buñuel. En Los abrazos rotos las citas son múltiples, especialmente al cine negro y al neorrealismo italiano, concretamente a Te querré siempre de Roberto Rossellini. Las obsesiones de Almodóvar se plasman en su deseo de convertir su cuarta colaboración con Penélope Cruz - tras Carne Trémula, Todo sobre mi madre y Volver - en una suerte de fuerte mujer neorrealista a lo Anna Magnani o Sofia Loren, y en ocasiones en un trasunto de Audrey Hepburn. Pero es a su propio cine al que más homenajea en esta ocasión. Los abrazos rotos trata, como parece ser marca de la casa en los últimos tiempos, de pasiones cruzadas y alambicados secretos inconfesables, muy en la línea de La mala educación, el film con el que más similitudes en su estructura narrativa encontramos. En esa carta de amor personal al cine, Almodóvar retrata a un director de cine - encarnado por Luís Homar - que queda ciego en un accidente y que está rodando una película - metacine, cine dentro de cine, muy bien resuelto por cierto - llamada "Chicas y maletas". Aquí es donde los más críticos con la película han encontrado lo mejor de la nueva propuesta de Almodóvar, esa salida ficticia de su actual cine hacia ese look ochentero obsceno y repleto de una comicidad personal e intransferible. En este sentido, construye una cita inequívoca a Mujeres al borde de un ataque de nervios, para muchos su mejor película, cambiando a una Carmen - Maura - por otra - Machi - en un pasaje cómico del film. De ahí, surge un cortometraje, La concejala antropófaga, que se convierte en un producto cien por cien almodovariano - con esos clásicos monólogos-vómito de autoconfesión hilarantes - que os dejo aquí para que podáis degustar:






Pero nada tiene que ver este cortometraje con Los abrazos rotos. El Almodóvar que se nos presenta en la película que ahora se estrena es un cineasta al que no se le puede negar una capacidad inventiva visual genial como creador de imágenes sumamente poderosas en la construcción de detalles y matices metafóricos. Cómo evoca los trágicos y voluntariamente olvidados retales de la memoria a través de múltiples fragmentos rasgados de fotografías, o ese plano profundamente melancólico sobre la "falta" - prestado de Persona de Ingmar Bergman - en el que las manos ciegas acarician la pantalla donde se ve el apasionado beso de los amantes, la escena en la que Penélope entra en la sala donde se está proyectando su infidelidad... todo instantes de cine en mayúsculas, de amor por el cine. Sin embargo, la película no es la obra maestra que pudiera haber sido porque, en última instancia, se sitúa lejos de encontrar aquellas emociones de las que habla, resultando fría en su conexión con el espectador cuando en el colmo de su propia paradoja pretende retratar relaciones vitales y amorosas extremas. Tal vez en ese exceso trágico al que Almodóvar nos tiene tan acostumbrados, reside la propia carencia del film, cristalizado en un supuesto monólogo-vómito final a cargo de Blanca Portillo, necesario para cuadrar las aristas del complejo guión, que parece metido con calzador. De cualquier forma, no seré yo quien niegue las cualidades de genio de este excepcional director, capaz de armar toda la película a partir simplemente de una foto que vio en una ocasión en la que aparecía la sombra de dos amantes paseando por Lanzarote. Como los prejuicios en el cine me parecen un craso error, mejor ver la película, y decidir si la odiamos o la amamos.

Y como las distribuidoras, de este amor-odio patrio hacia Almodóvar saben un rato, han decidido acompañar el estreno de su última película precisamente de todo aquello que está en las antípodas de su cine. Y por ello se estrena Duplicity, con Clive Owen y Julia Roberts. En ella, trama de espías, multinacionales cosméticas, Nueva York, y todo el glamour hollywoodiense que los detractores de Almodóvar encontrarán atractivo. La película, dirigida por Tony Gilroy, director de la reciente Michael Clayton y co-guionista de la trilogía Bourne, es una de esas complejas historias sobre agentes dobles, triples e incluso cuádruples cuyos actos están contínuamente apelando a la desconfianza del espectador sobre sus objetivos e intereses. Owen y Roberts, que ya coincidieron en Closer, él ex-agente del MI-6, ella ex-agente de la CIA, trabajan ahora para dos empresas rivales a las que intentarán sonsacar toda clase de datos cruzados en su espionaje industrial para obtener para sí los secretos con los que retirarse juntos y disfrutar de su amor. Confiar el uno en el otro, y nosotros entre ellos, se convierte en el leit motiv de una propuesta que encuentra en la química entre ambos personajes su principal arma de seducción. Una interesante elección para aquellos cuyos prejuicios os obliguen a dejar de lado la opción Almodóvar.

Y para el final os dejo la tercera película de perros que encontraréis en cartelera. De verdad que esto me parece insólito. En algunos cines aún mantienen en cartel la exitosa Un chihuahua en Beverly Hills, mientras que la semana pasada se estrenó Hotel para perros. Ahora se estrena Una pareja de tres, basada en la novela Marley & Me - de la que coge el título original del film -, protagonizada por Jennifer Aniston y Owen Wilson, acompañados de secundarios como Kathleen Turner, Alan Arkin o Eric Dane, el cirujano plástico de Anatomía de Grey en un papel de eterno Casanova totalmente compatible con su rol en la serie televisiva. En esta cinta, dirigida por David Frankel, director de El diablo viste de Prada, encontramos una simpática oferta de comedia-romántica-con-perro cuyo lacrimógeno final hará llorar hasta al más pintado, si alguna vez ha tenido y querido alguna mascota. Lo dicho, acudir al cine con barca y remos será estrictamente necesario para poder salir de la sesión en caso que os decidáis por ella. Como os decía en el caso de Almodóvar, tampoco aquí el cartel ni la temática debería sentar prejuicios a la hora de elegirla, porque una comedia romántica en la que pasan diez años, y se tratan cuestiones como en ésta, bien merecen un visionado, aunque sea furtivo. Yo no se lo diré a nadie.