El Espai d´art contemporani de Castelló, EACC, acogerá los días 3, 4, 13 y 14 de febrero el Taller Didáctico Accesos indirectos a la cultura contemporánea que impartirán Borja Delgado + Wenceslao Sanz y Aitor Méndez los días.
Esta nueva entrega de Espai Transitable se adentra en el mundo del diseño a través de la revisión de algunas de las propuestas actuales más significativas y aventurar nuevos recorridos creativos en el campo del diseño nos parece fundamental para entender el lenguaje múltiple, apropiacionista y democrático sobre el que se construye nuestro imaginario cotidiano.
Esta actividad está dirigida principalmente tanto a estudiantes y profesores de diseño gráfico, publicidad, bellas artes como a cualquier persona interesada en el tema.
La primera sesión del taller, Paradigmas en la creación de páginas Web: Perspectiva, Análisis y Planteamiento, se realizará los días 3 y 4 de febrero y estará a cargo de Borja Delgado y Wenceslao Sanz quienes analizarán la evolución del paradigma en la creación de páginas web a lo largo del tiempo; así como pondrán de relevancia los distintos paradigmas existentes en la actualidad y se propondrán una serie de principios rectores que constituirán una propuesta de para el desarrollo y rediseño de sitios web.
Por su parte los días 13 y 14, en la sesión Gráfica desmontable. Una perspectiva crítica de la práctica del diseño, el diseñador gráfico Aitor Méndez cuestionará ciertos planteamientos habituales en la profesión del dsieñador gráfico no tanto con la intención de ofrecer respuestas como de plantear interrogantes y proponer en tono experimental direcciones de trabajo, unas radicalmente opuestas a las habituales en la disciplina y otras practicadas de forma natural.
Camina despacio, sin reparar demasiado en las cosas cercanas. Las señales de tráfico y los nombres de las calles han pasado a segundo plano, a mejor vida. Hay un mundo dentro de sus pasos, un latido ténue y flácido que estimula al cerebro para que siga dando órdenes exactas y no varíe la dirección de su cuerpo ni un centímetro del recorrido impuesto.
Una selva de asfalto y semáforos la acoje entre la multitud. No te pares. O el mundo te atropellará y caerás dentro del vacío que consume. Que no se pare, me repito, y calculo el número de veces que soy capaz de estrellarme contra mis propias palabras antes de callar.
Al fondo de la espiral no hay salida. El salitre y los barcos de pesca han desaparecido en la bravura de un mar muerto. Deborados por el clima. El tedio a asolado las ciudades colmadas de historias.
Las nubes de olvido han ido acomodando sus plumas entre el follaje de edificios y en la espesura del tiempo lo han ido engullendo todo con su negra sombra.
Pasos de cebra cargados de esqueletos en movimiento, cafés sin terraza, flores sin agua, amor sin delirios, despedidas desprovistas de promesas.
Pero a lo lejos, surcando el horizonte sin vergüenza, una seductora locura dispuesta a arder, y encender con desequilibrio y estruendo entrañas dulces como paneles de abeja, con ahínco suficiente al recorrer las venas, y capacidad resolutiva para convertir todo lo que tocan en puro y excitante deseo.
Esta semana, Barbet Schroeder nos conduce por los senderos más oscuros de la historia en un intento de iluminar el misterio que se esconde tras esta enigmática figura. L’avocat de la terreur (El abogado del terror) se exhibirá en el EACC dentro de la programación de Espai Cinema Hivern los días 3, 4 y 5 de febrero (martes y jueves a las 20:00 horas y miércoles a las 22:00 horas).
Dirigida por Barbet Schroreder (Nac.: Francia/ Año: 2007. Color 135 min. (v.o.s. cast.)), en esta cinta su director nos conduce por los senderos más oscuros de la historia en un intento de iluminar el misterio que se esconde tras esta enigmática figura. Durante la guerra de Argelia, Vergès era un joven abogado que abrazó la causa anticolonialista, defendió a Djamila Bouhired, logró su libertad, se casó con ella y tuvieron dos hijos. De repente, cuando estaba en la cima de su notable carrera, desapareció sin dejar rastro durante ocho años. Cuando retornó de su misteriosa ausencia, se encargó de la defensa de terroristas de todo tipo, desde Magdalena Kopp a Anis Naccache, pasando por Carlos 'el Chacal', y representó a monstruos como el teniente nazi Klaus Barbie.
Junto a esta película, completan la programación de Espai Cinema Hivern de febrero:
Días 10, 11 y 12, Rue de Santa Fe (Calle de Santa Fe) Dir: Carmen Castillo / Nac.: Francia, Chile y Bélgica / Año: 2007. Color 163 min. (v.o.cast.) Calle Santa Fe, en una barriada de Santiago de Chile, 5 de octubre de 1974. Carmen Castillo sobrevive a su compañero, Miguel Enríquez, dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y de la resistencia contra la dictadura de Pinochet, que muere en el asalto a su casa por parte de los militares. Es el punto de partida de Calle Sante Fe, un viaje al presente de esos barrios y a la memoria de los vencidos; un viaje llevado a cabo sin ningún tipo de complacencia o autoindulgencia; una narrativa guiada por las siguientes preguntas: ¿Todos estos actos de resistencia valieron la pena? ¿Miguel murió por nada?
Días 17, 18 y 19, Gelegenheitsarbeit Einer Sklavin (Trabajo ocasional de una esclava) Dir: Alexander Kluge / Nac.: Alemania / Año: 1973. B/N 92 min. (v.o.s. cast.) Reflejo de una época convulsa, esta polémica película es la mejor muestra del cine social más combativo, y punta de lanza del Nuevo Cine Alemán. Trabajo ocasional de una esclava indaga en el papel de la mujer en nuestra sociedad contemporánea. Roswitha se ve obligada a ejercer como abortista para poder tener más hijos y mantener a su marido estudiante, Franz. Pero la policía interviene y Franz es arrestado. Cuando sale de prisión, Roswitha decide tomar parte en el mundo de la política y del trabajo social
Días 24, 25 y 26, Flux Der Zeit (Ríos y mareas) Dir: Thomas Riedelsheimer / Nac.: Alemania / Año: 2001. Color 90 min. (v.o.s. cast.). Ríos y mareas es un viaje por el mundo y la mente del reconocido escultor Andy Goldsworthy, artista británico que desde hace veinte años crea obras de arte en bosques y cauces de ríos de todo el mundo sin otras herramientas que sus manos. Utilizando materiales de la naturaleza, Goldsworthy obtiene magníficas e ingeniosas creaciones a base de pétalos, madera, hojas, piedras o hielo moldeados por la luz del sol, las mareas o la humedad.
Hoy 3 de febrero se cumplen 50 años de un accidente de aviación que acabó con la vida de cuatro personas cerca de Fargo, en Dakota del Norte. La relevancia de ese suceso residió y reside en que tres de esas personas eran músicos de Rock’n’Roll. Corría el año 1959 y el nuevo ritmo que arrastraba a la juventud sufría su primer varapalo en forma de tragedia. Y no sólo eso. Además, se truncaban las carreras de tres artistas brillantes y carismáticos. Ese mismo año, el rockero Eddie Cochran grabó la canción Three Stars en homenaje a los fallecidos. A principios de la década de los 70, Don McLean lo recordaba en su tema American Pie acuñando aquello de “el día que murió la música”.
Una gira de invierno en unas condiciones pésimas tuvo la culpa. Se llamó Winter Dance Party y en el cartel aparecían algunas de las más prometedoras estrellas del firmamento rockero. El mismo lo encabezaba, nada menos que Buddy Holly, uno de los grandes. Junto a él, el jovencísimo (17 años) Ritchie Valens, el veterano, aunque fresco J. P. Richardson, alias The Big Bopper, y un grupo del Bronx neoyorkino que había cosechado su primer éxito el verano anterior, Dion and the Belmonts.
Lástima que el glamour del elenco no se correspondiera con la comodidad a la hora de desplazarse. Los músicos viajaban en un autobús de actuación en actuación, pasando un frío de mil demonios por los nevados parajes del Norte de los EE. UU. La climatología causó algunas bajas en la plantilla antes de hora. El batería que acompañaba a Buddy Holly cayó enfermo y le sustituyó uno de los Belmonts, Carlo Mastrangelo, que tenía experiencia como músico de jazz. Cabe destacar que el guitarrista rítmico que hizo esa gira con Holly era Wylong Jennings, quien se ganaría un hueco en el olimpo de la música country algunos años después.
Viajar muertos de frío, apretujados y cansados por las largas horas en el autobús no era un plan muy atractivo. A Holly se le ocurrió la idea de alquilar un avión de tres plazas para que les llevara al siguiente bolo y estar más descansados. El plan, en un inicio, era ir con su grupo. Sin embargo, el coste era demasiado elevado para los emolumentos de sus chicos y renunciaron a ir. Entonces, les hizo el ofrecimiento a sus colegas de gira. Dion DiMucci, líder de Dion & the Belmonts, en su autobiografía confiesa que el motivo por el que rehusó fue económico. Ritchie Valens y The Big Bopper aceptaron, sin embargo.
Sobre Ritchie Valens, podemos remitirnos al filme biográfico La Bamba de finales de los 80. En apenas un año de carrera, había colocado tres singles de éxito en las listas. Un rock’n’roll movido llamado C’mon, let’s go, una balada romántica de título Donna y la adaptación rockera de una canción mexicana llamada La Bamba que sería versioneada hasta la saciedad. Era un adolescente de origen chicano que cumplía el sueño americano y cuya corta edad presagiaba un futuro brillante. Su testigo fue recogido por Chris Montez (Let's dance), años más tarde, por los Lobos (quienes harían la banda sonora de la citada película) y, actualmente, por artistas como Pep Torres.
Mucho menos conocido, The Big Bopper era un tipo regordete y simpático que vestía chaquetas a rayas y que demostró en su único éxito, Chantilly Lace, que es uno de los mejores intérpretes de música pop que hayan existido jamás. En el tema, simula una conversación telefónica con la chica con la que intenta tener una cita. Primero, nervioso como un colegial, se azora, balbucea y tartamudea. Finalmente, ante el sí de la muchacha, se relaja y termina la estrofa diciendo “tú sabes lo que me gusta”. En el estribillo hace una descripción perfecta del look de una teenager de la época: “lazo de chantilly, una cara bonita y una cola de caballo cayendo. Un balanceo al andar y un deje al hablar hacen que el mundo de vueltas…”. No se puede resumir el espíritu del pop en menos pinceladas. Ya estaba cerca de los 30 cuando murió, y se duda de si su carrera hubiera sido algo más que un 'one hit wonder'. Pero lo poco que dejó grabado, realmente es sobresaliente.
Acerca de Buddy Holly han corrido ríos de tinta. Las grabaciones caseras que dejó grabadas antes de morir descubrieron a un artista que estaba yendo mucho más allá del rock’n’roll al que tanto contribuyó en consagrar. Dónde hubiera llegado de haber seguido vivo en los 60 es una de las grandes incógnitas sobre la que los enamorados de sus canciones especulamos a menudo de forma bizantina. Sin duda, marcó un antes y un después y dejó un legado que siguieron brillantemente algunos discípulos aventajados como su antiguo grupo, the Crickets (que ese mismo año dejaron para la posteridad ese temazo llamado I fought the law), el cuarteto de Bobby Fuller (mágicos) o un grupete de Liverpool que se hicieron llamar The Beatles. La frase de John Milner (el personaje que interpreta Paul LeMat) en American Grafitti quizá sea la más justa para definir lo que supuso su temprano fallecimiento: “El rock’n’roll ya no es lo mismo desde que murió Buddy Holly”. Hoy, de eso, hace 50 años y en mi plato suena True love ways (la canción más bonita del mundo entero) en su honor.
Hoy en día, impersonators de estos artistas recrean aún la fatídica gira en los circuitos oldies de Estados Unidos. Una de las compañías está dirigida por el hijo de The Big Bopper.
PD. Sobre Dion & the Belmonts, grupo favorito de toda la vida de quien esto escribe, Un Planeta Gris ofrecerá un artículo en profundidad por la visita a España de The Belmonts (sin Dion, pero con dos de sus miembros originales) y su concierto en el Screamin’ Festival el próximo mayo. Esperamos tener salud para poder ir a ese obligatorio concierto y contarlo en este blog.