martes, 23 de septiembre de 2008

¡Gracias Carvalho!

Me gusta leer. Bastante, creo. Es más, hasta diría que en general me gusta la literatura. Pero nunca he escrito nada sobre ella. Por eso, si tuviera que encontrar una definición que me situara respecto al universo literario seguramente no me equivocaría si dijera que soy un lector “medio”.

El lector medio es el que se sitúa en la media. Suele leer, pero tampoco devora libros de forma compulsiva. Digamos que va más allá de la lectura de diarios, revistas y demás panfletos publicitarios pero no hace de ello una causa, una bandera, ni mucho menos una cruzada.

En cuanto al nivel de lo leído, y eso es algo que daría para escribir un tratado entero, como todo lector medio que se precie disfruto especialmente con aquellas obras que resultan amenas en su lectura y no renuncian a un fondo ni a una forma llamémoslo así de “cierta calidad”.

En mi caso reconozco que a veces he intentado leer algunos “clásicos” de esos llamados “imprescindibles” resultándome, en más de una ocasión, una tarea cuanto menos pesada e incluso aburrida. De hecho, en ocasiones siento vergüenza si debo reconocer delante de otros que he leído muy pocos de aquellos “clásicos” por considerarlos un auténtico tostón. Y con semejantes credenciales tengo el valor de ponerme escribir sobre literatura…

¡Pues sí! Por suerte para nosotros esta parte de la cultura todavía sigue estando abierta a todos y de momento aún está lejos de convertirse en un coto cerrado, en un mundo exclusivo reservado a unos pocos privilegiados cuyos superiores conocimientos les alejan de la mayoría de los mortales.

Así que puesto que esta es la primera vez que escribo sobre literatura, no voy a dejar pasar la ocasión para agradecerle a un autor, o mejor dicho, a un personaje nacido de su privilegiada imaginación, la responsabilidad de haber despertado en mí el gusto, el placer y hasta en cierta manera la necesidad de su lectura. El personaje no podría ser otro que Pepe Carvalho, y su creador el inmortal Manuel Vázquez Montalbán.

Podría pasarme días y días hablando de uno y de otro; de sus virtudes y sus defectos -¿he dicho yo defectos?-, de sus genialidades y sus carencias, de sus logros y sus fracasos. Podría decir, por ejemplo, que Pepe Carvalho es algo más que un investigador privado que se mueve por las alcantarillas sociales de una Barcelona más real que la propia realidad. Con él recorreremos los últimos treinta años de nuestra Historia, que a pesar de tener el epicentro de su acción en la capital catalana acabará englobando con sus pesquisas los acontecimientos más importantes de la sociedad en que vivimos. Porque, básicamente, la lectura de sus casos sirve una cosa: comprender mejor el mundo en que vivimos. Y eso a pesar de que Carvalho no es más que un vulgar antihéroe; aunque sea también un gastrónomo sibarita, a imagen y semejanza de su padre artístico, auténtico conocedor de la cocina mediterránea y transmisor universal a través de sus obras de todo ese delicioso conocimiento. Y no sólo eso, porque el inspector Pepe Carvalho demuestra a través de las páginas su total erudición en todos y cada uno de los aspectos culturales a los que me refería al comienzo de este texto.

Creo que esa es el principal motivo por el que siento verdadero afecto, profundo respeto y hasta auténtica devoción por todo lo que representa este maravilloso personaje de nuestra literatura contemporánea. Porque con Carvalho, pero sobre todo a través de su mirada crítica, he disfrutado y aprendido al mismo tiempo. Y no me refiero a datos, sino más bien a hechos, a ideas, a valores, y en general a esa parte esencial del imaginario sociopolítico de la gran persona y supremo escritor que fue el siempre inmortal Manuel Vázquez Montalbán.


Toni F.

1 comentarios:

María dijo...

Una sección de literatura... esto se pone interesante!!!