martes, 24 de marzo de 2009

UNA BANDA DE ROCK'N'ROLL



GENE VINCENT & THE BLUE CAPS. Capitol. 1956

Para los expertos en el tema, este segundo LP del gran Gene Vincent es el mejor álbum de rockabilly de la historia (supongo que con el permiso de la recopilación de grabaciones de Elvis para Sun Records). En cualquier caso, se trata de uno de los discos imprescindibles de este género surgido en los años 50 en los EE. UU. en el que se fusionaron las tradiciones del blues y del country&western.
Y no sólo es imprescindible por su calidad (indudable) sino también por ir más allá en este género, tan a menudo denostado, y que fue decisivo para la revolución llevada a cabo en la música popular durante la segunda mitad del siglo XX. La colección de canciones que contiene este disco no son las que suelen figurar en las antologías de Gene Vincent para Capitol pero son una lección de cómo hacer rock’n’roll enérgico (Hold me, hug me, rock me o Double talkin’ baby), sensual (You told a fib, Cat man) o enternecedor como sólo este cantante fue capaz de dar sentido a las baladas (Unchained melody, I sure miss you).
Eugene Craddock Vincent fue un intérprete de primerísima calidad al que los ejecutivos de Capitol ficharon sin dudar para darle la réplica al Elvis de la RCA. Cojo por un accidente de moto durante su servicio militar, tendía a permanecer en el escenario sin moverse y mirando al infinito. Esta costumbre le dio un halo místico, unido a una voz privilegiada, que se reforzó ya en la década de los 60 cuando se enfundó el atuendo de chaqueta y pantalón de cuero negro. El príncipe negro o el Hamlet del rock fueron algunos de los sobrenombres que surgieron entonces, en unos años en los que triunfó más en Europa (sobre todo en Francia, donde es reverenciado por los rockers de allí) que en su país.
Pero volvamos a 1956. Tras el éxito cosechado con sus primeros singles (entre ellos el celebérrimo Be bop a lula) y el primer larga duración, Bluejean bop, el guitarra solista de los Blue Caps, Cliff Gallup, dejó el grupo. Casi 10 años mayor que el resto de la banda, este excelente y venerado instrumentista se cansó de las giras y decidió dedicarse a su familia y a su oficio de fontanero. Fue sustituido por Russell Wilaford, que es el que sale tocando en la aparición del grupo en el filme The girl can’t help it y esgrimiendo una fender telecaster en la portada de este disco. Parece ser que el chico no era del agrado del resto del grupo y fue despedido, por lo que se recurrió a Gallup otra vez para registrar el LP. Después de ello, entró en la banda otro magnífico guitarrista, Johnny Meeks, quien se encargaría de acompañar a Vincent en las siguientes grabaciones en Capitol records. Gallup se retiraría y, salvo una grabación de la primera mitad de los 60, no volvería a la farándula. Su breve carrera en el rock’n’roll (ya tenía algo de experiencia como músico de jazz), sin embargo, le ha valido ser como uno de los intérpretes de referencia para muchos que vinieron después.
Su aportación a este disco es casi tan crucial como la del propio Gene Vincent. El sonido característico de su gretsch duo jet (el mismo modelo de guitarra que usaría George Harrison en los primeros discos de los Beatles) y su forma de puntear los solos son tan básicos como la voz. Y es que, realmente, este no es únicamente el disco de un cantante sobresaliente, sino de una banda admirable. No en vano, el disco se titula como el grupo. Un grupo que es uno de los mejores de la historia del rock.
Y para terminar un par de anécdotas relacionadas con los Blue Caps y dos de sus más famosos fans: Brian Setzer y Slim Jim Phantom, guitarrista y batería de los Stray Cats, para más señas. Cuentan que Setzer fue a ver a Cliff Gallup en los 80 a su casa con la intención de rendir homenaje a su maestro y que éste le recibió a tiros de su escopeta. La segunda anécdota, bastante más veraz que la primera, fue cuando Phantom conoció en persona a Dickie Harrell, batería de la banda, y este último le preguntó por qué tocaba de pie. Phantom se asombró y le respondió que el motivo era que le estaba imitando. ¿No salía Harrell aporreando la caja de pie en la portada de este disco? El viejo rockero se rió y le explicó al entonces joven Slim Jim que él solía tocar sentado, pero que en esa ocasión se puso de pie para la foto.




A continuación, Gene y los Blue Caps, ya con Meeks a la guitarra y con los dos palmeros en su máximo esplendor. La imagen es apabullante.




2 comentarios:

homerico dijo...

La anecdota de la batería es muy curiosa, sigue existiendo esa costumbre? Por lo que yo recuerdo era habitual entre los grupos rockabilly españoles de mediados de los 80 (p.ej Moises Sorolla de los Rebeldes).

Saludos,

gunspector dijo...

La costumbre la siguen manteniendo varios baterías de la escena rockabillera, sobre todo los que más reivindican el revival de los 80. En los grupos más puristas, el percusionista toca sentado (y los más puristas, no llevan ni batería). En lo que coinciden es que son baterías con poca parafernalia de tambores en cualquier caso.