lunes, 17 de noviembre de 2008

Una 'masterclass' de elegancia

Nick Lowe. Heineken Greenspace. Valencia. 15-11-2008

Resulta muy difícil realizar la crónica de un concierto como el que ofreció Nick Lowe el pasado sábado en el Heineken Greenspace de Valencia. Primero, porque la grandeza del artista supera con creces todo lo que se pueda decir sobre él. Segundo, porque calificativos como elegante o sublime se quedarían cortos para describirlo. Casi cuarenta años de intachable carrera musical se vieron resumidos en la hora y cuarto de actuación que brindó al centenar y medio de personas –de una media de edad ya considerable- que se acercaron.

Muy pocos peros se pueden achacar. La sala, aunque el sonido fue realmente bueno, era demasiado grande para el tono intimista que Lowe dio a su repertorio, más adecuado para un pequeño club lleno de humo. La duración también se hizo corta. Y eso que hubo muy pocas rápidas entre las piezas lentas que interpretó. No importó, porque no resultó en absoluto aburrido. Las canciones son tan buenas y estuvieron tan impecablemente interpretadas que dio absolutamente igual que un rock’n’roll del octanaje de Heart of the city fuera tocada tan sólo con una guitarra acústica como si fuera una balada country. Tan sólo cambió que, en vez de disfrutarla con el puño levantado y un movimiento oscilante de la cabeza, se hizo con los vellos del antebrazo de punta.

Nick Lowe salió al escenario con pantalones grises, camisa y un jersey de pico. El corte de pelo, ya canoso a sus casi 60 años, recordaba a la foto de la contraportada de Seconds of pleasure, el álbum que grabó con su compinche Dave Edmunds en 1980. Salió él solo, con una gibson acústica y tras saludar empezó con People change, de su último disco, At my age, que prácticamente empalmó con Soulful wind. Así estuvo durante cuatro canciones, de las que Heart, tocada al ritmo candencioso de la guitarra, fue la última.

Tras esta introducción, salió el grupo. Batería, contrabajo, teclado y guitarra eléctrica se unieron a la voz de Lowe para abrir la parte central del concierto con Without love. Temas del último disco y clásicos de su carrera se fueron alternando. I knew the bride when she used to rock’n’roll, Indian queens, I live on a battlefield,… sonaron para goce de los oídos de la audiencia.

El momento estelar fue cuando le llegó el turno a Cruel to be kind, ésa que volvió a ser un éxito en el verano de 2002 por la versión del triunfito Naim. O no. La máxima emoción llegó cuando, la banda, con un ritmo suave y levemente vaquero empieza a tocar y Lowe comenzó: “As I walk through this wicked World…” con esa excelente afinación de la voz con la que está dotado. Así, con What’s so funny ‘bout peace, love and understanding, se llegó al final del concierto.

Pero la gente no se conformaba y Lowe no decepcionó con los bises. Acompañado de su banda regaló When I write a book, para salir una tercera y última vez y hacer la ya mencionada Heart of the city y despedirse, como un señor, con The beast in me. Después, se encendieron las luces y la gente fue saliendo, muy satisfecha, de lo que había tenido lugar.

Parafraseando a Jorge Valdano, Nick Lowe había devuelto, con creces, el precio de la entrada. Y eso que quedaron en el tintero algunas favoritas personales de quien esto escribe. Pero ante lo visto y escuchado, sería absurdo ponerse quisquillosos. Nick Lowe ofreció una masterclass de elegancia y buen hacer.

2 comentarios:

suellen dijo...

QUÉ PENA NO HABER PODIDO IR!!!

QUÉ ENVIDIA!!!

EXCELENTE CRÓNICA!!

Contra Marea dijo...

La verdad que leyendo esto te da pena no haber podido ir, si señor, sigue así Gunspector